Ser del Espanyol y sobrevivir en Barcelona

In Deportes, Fútbol

Más de una vez me he preguntado cómo llegué a hacerme del Espanyol y nunca ha sabido encontrar la respuesta concreta, sólo recuerdo que corría el año 1986 y que por aquel entonces jugaban futbolistas míticos como N’Kono, Soler, Zúñiga, Orejuela, Valverde, Pichi Alonso, Pineda, Lauridsen o el gran Meléndez. Era un Espanyol que pasaba por uno de sus mejores momentos y el ambiente en el estadio de Sarrià era excelente. Además, me gustaba la combinación blanquiazul de colores (por eso también tengo simpatía hacia la Real Sociedad, por ejemplo). Puede que no sean razones de mucho peso, pero para mí fueron suficientes como para decidir que yo sería perico.

Visto así no parece gran cosa, pero cuando tu padre es socio del Barça y has estado con él muchas veces en la grada viendo jugar a tíos Migueli, Alexanko, Schuster, Maradona, Urruti u otros mitos de la iconografía culer; cuando resulta que, además de ir con tu padre, vas con tu abuelo y tienes varias fotos en casa vestido con el uniforme del FC Barcelona acompañado de tu hermano. Cuando además vives en un entorno familiar claramente azulgrana y forofo (mi abuelita y yo formamos el núcleo de la résistance) y el 90% de tus amigos son de ese club, quizá ahora podáis entender que dar el salto al Espanyol sí tenía su mérito.

ser del espanyol

Desde aquella temporada de 1986 y hasta hoy e imagino que hasta que la muerte nos separe, mis colores serán blanquiazules y, además, cada vez más seguro de haber elegido bien y más aferrado a su escudo.

Teniendo en cuenta que me gusta caminar lejos de grandes rebaños, de seguir a la manada y de transitar por las líneas generales y que siempre he sido más partidario de ir a contracorriente, de frecuentar veredas menos conocidas y de las causas perdidas, la lógica me llevaba a ser del Espanyol sí o sí. Si observo mis gustos musicales, literarios e incluso mis hobbies, me doy cuenta de que no suelo moverme en los grandes círculos, sino en los pequeños espacios porque así los siento más míos y libres de las influencias externas y las modas.

Puede que al principio fuera perico por rebeldía, por tocar las narices, no lo sé, pero sí puedo afirmar que hace muchos años que soy perico convencido por todo lo que representa este club y cada vez me gusta menos lo que genera, supone y condiciona el Barça. Y es que parte de mi salto a Sarrià se lo debo al Camp Nou, por la prepotencia y por su afán de devorar todo lo que encuentra a su paso y hacer de Catalunya su feudo, condenando al ostracismo al resto de clubes que conviven con él. Una soberbia alimentada además por los medios de comunicación, que apenas tienen tiempo para explicar cómo le va al Espanyol, al Girona, al Nàstic o al Llagostera porque el Barça todo lo absorbe.

TV3 es una televisión pública y, por lo tanto, debiera ser representativa de los intereses de “tots els catalans”, pero eso no es cierto. El Barça ha sometido al canal público y sea la hora que sea, en cualquiera de sus canales, terminarás encontrando una referencia, noticia, vídeo, programa, especial, partido, entrevista, documental o reposición que tenga al FC Barcelona como protagonista. Así que, además de un canal privado (Barça TV), se han encontrado con un excelente aparato propagandístico que pagamos todos, aunque no nos represente, en la televisió de Catalunya.

Ha llegado un punto en que se cambia el peinado Neymar o se tira un pedo Messi, con perdón, y sale en las noticias. O te encuentras que dan por la tele un partido del Barça contra un equipo tailandés que ha venido a hacer un bolo y, si pueden, te lo meten en TV3, en HD y en prime time… los demás solemos jugar en Esport3, si es que nos retransmiten, y según con qué coincidas igual no ves ni el comienzo del partido porque Luis Enrique tiene que dar la lista de convocados o porque Luis Suárez está realizando un acto con sus nuevas botas de fútbol.

Y así crecen las generaciones venideras, intoxicadas y saturadas, sin capacidad para poder decidir ya no el club, es que puede que al niño o a la niña no le guste ni el fútbol, pero te lo van a meter en vena y en color azulgrana a ser posible.

Pero siempre hay alternativa, siempre hay vida más allá del colosal monstruo culer. Y tiene mérito, mucho, sobrevivir al día a día, a las bromas, al ninguneo, al que den por supuesto que eres del Barça y les sorprenda cuando digas que NO, al que pretendan meterte en el mismo saco y tú exclames que yo no llevo sus colores, que visto otros que me gustan mucho más. Y no nos escondemos, no agachamos la cabeza, no vivimos en ghettos, no somos proscritos. Ser perico es motivo de orgullo, de valentía y de cierto descaro, por plantar cara al absolutismo y negar su autoridad impuesta. El perico no se somete, no señor.

Somos un club histórico, no hace mucho hemos cumplido 115 años. Puede que no tengamos la grandeza deportiva del Barça en el sentido de no tener vitrinas tan grandes y pobladas, pero os aseguro que cada título que engrosa nuestras humildes estanterías ha llegado con sangre, sudor y lágrimas y que se ha saboreado como cualquiera de esas Champions. Para nosotros vale lo mismo y, probablemente, sepamos ensalzar más su valor porque no estamos acostumbrados a tanto laurel y lisonja.

Sobrevivimos a las penurias económicas, a penitencias en segunda división, a temporadas grises en mitad de la tabla, a ver como cada año se marchan los mejores jugadores sin poder hacer nada, a directivas mediocres, al drama y la impotencia de perder dos finales de la UEFA , a la pérdida de nuestro añorado estadio de Sarrià y a la incertidumbre de cara arranque de temporada, cruzando los dedos y esperando que juguemos bien, tengamos ese puntito de suerte y terminemos en zona europea, que ya va tocando.

No tenéis ni idea porque desde vuestro pedestal no podéis ver lo que hay debajo y vuestra propia sombra os impide abarcar más allá y comprender que a vuestro alrededor sobreviven otra gran mayoría de socios, simpatizantes y aficionados de muchos equipos, aunque no lo creáis. Incluso hay personas, sí, las hay, a las que no les gusta el fútbol y les importa un pimiento lo que haga el FC Barcelona.

Cada fin de semana, cada eliminatoria de Copa, la afronto con la misma emoción, sentimientos y nervios que cuando vosotros salís a San Siro, al Allianz Arena u os visita la Juventus. Para mí es lo mismo porque juega mi club, porque son mis colores. Y tan importante para mí es un partido frente al Granada como para vosotros pueda serlo contra el otro prepotente, el Real Madrid.

Es una lucha contra la tiranía culer, un modo de vida y un sentimiento. Es levantar el dedo y decirle a ese monstruo: ‘Eh, no todo es suyo, caballero azulgrana, por estos lares aún quedan valientes contrarios a sus colores!’

Soy del Reial Club Deportiu Espanyol. Soy perico y vivo en Barcelona. Con un par.

Artículo escrito por Alex de Santiago

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